sábado, 12 de diciembre de 2009

Vivir en gris


Desde el princípio de los tiempos, los seres humanos nos hemos visto en cierta manera atraidos por los extremos. Así, conforme el conocimiento crecía, lo hacía también nuestro interés por aquello que se sale de lo común, los blancos y negros de nuestro mundo.

Que la cima más alta sea el pico Everest, es un dato que casi todo el mundo conoce; no tan conocida es la misteriosa fosa de las Marianas, al sur de Japón, y sus 10.900 metros bajo el nivel del mar. 

Un invitado habitual en programas de televisión de medio mundo, es quien dice ser el nuevo hombre más alto, el turco Sultan Kosen que con sus 2,47 metros, levanta admiración por donde pisa. El más bajito, sin embargo, consigue tan poco espacio mediático como el que ocupa físicamente, el bueno de He Ping Ping y sus 0,75 de estatura.


Nos interesamos tanto por conocer lo MAS y lo MENOS, que incluso contamos con un libro Guinness de los Records que recopila un sin fín de ellos, de manera que nos sea cómodo conocerlos. Parece que lo superlativo encuentra fácilmente la admiración. Lo mínimo aglutina, por contra, mayor curiosidad y recelo.

Sin embargo nuestro lugar, el de la mayoría de los mortales, está en el gris. Todos somos altos o bajos dependiendo de con quien se nos compare. Vivimos en uno u otro lugar, a miles de metros bajo el máximo y sobre el mínimo, y convivimos entre el blanco y el negro con absoluta normalidad.

Es por ello que me cuesta entender como algunos, se empeñan en forzar situaciones y gestos, en lugares donde vivir los grises es un verdadero privilegio.
 

Me niego a renunciar al gris que me permite ser de todos los sitios y  enriquecerme con lo mejor de cada uno de ellos. Según mi DNI, el que suscribe es pierenc, català... y español. Como una madre, capaz de repartir amor por igual entre sus hijos, encuentro enriquecedor no pretender ser el MAS o el MENOS catalán, el MAS o el MENOS español.


Mañana, día 13 de diciembre de 2009, los patos blancos publicitan que son patos blancos, nada más. Se espera que algunos patos negros acudan a la convocatoria. Para evitar altercados, cisnes armados hasta los dientes velarán por la seguridad de ambas secciones. Los patos grises no iremos, solo queremos que nos dejen en paz y que nos respeten como nosotros hacemos con ellos.


El estanque es precioso, y además es de todos.

 

Hoy, noche de derby. 


En mi cocina, berenjenas rellenas de pinchito al vino tinto. Las berenjenas son holandesas, riquísimas. El pincho, salmantino. La patata, la cebolla y el vino, catalanes. El queso, vasco. ¿porqué limitarnos?

Un placer para los sentidos. Salud!






martes, 8 de diciembre de 2009

"Mi última carta: me fusilan hoy"

Hoy quiero compartir con vosotros un artículo que acabo de leer en las páginas de cultura de El País. Su autor, nos habla de un libro que Barril & Barral ha publicado este año, titulado, "Vivir a muerte".


En él, se recopila un centenar de cartas de militantes de la resistencia francesa, condenados a morir fusilados entre los años 1941 y 1944. El artículo, y las frases que sirven al autor para regalarnos una muestra de lo que en el libro puede encontrarse, han conseguido emocionarme, y a la vez  incomodarme. 
Haber sido nieto de quien durante varios años fué, cada madrugada, candidato a fusilado, no me situa más cerca que nadie de esas cartas, pero sí me ha ayudado a estar, durante unos pocos minutos, más cerca de esos momentos,  seguro vividos por mi abuelo Santiago, y que nunca quiso contarme...

Espero os guste. 



"Mi última carta: me fusilan hoy"
'Vivir a muerte' reúne misivas de resistentes franceses condenados a la pena capital

JACINTO ANTÓN - Barcelona - 08/12/2009
 
¿Qué escribiríamos si supiéramos

que nos van a fusilar dentro de unas horas? ¿Qué mensajes dejar a los seres queridos, al mundo, a la posteridad? ¿Qué horrores de esos momentos postreros conjuraríamos, qué cuentas trataríamos de ajustar con la vida, qué arrepentimientos, despedidas, recuerdos o desafíos plasmaríamos en el papel? ¿Cómo sería nuestra última carta? "A las 4 me van a fusilar. Si vieras lo calmado que estoy, mamá querida", escribió Robert Busillet, de 19 años, en la prisión de Fresnes en 1941. "Vive, tienes que vivir", anotó otro reo para su amada antes de caer bajo las balas de los nazis. "No tengo miedo, no es mi costumbre", fue el último, valiente mensaje a su familia del rehén Michel Dabat, abatido por el pelotón de fusilamiento en Nantes. 
 

Vivir a muerte (Barril & Barral, 2009), un libro conmovedor, imposible de leer sin que en más de una ocasión se inunden los ojos de lágrimas -"voy a llevar en el pecho vuestras fotos para que me acompañen en el ataúd", "mi alegría más grande sería que pensaras en mí lo menos posible y que rehagas tu vida", "besos grandes, besos como sólo podemos dar cuando son los últimos", "me gustaría que cuando el niño fuera mayor le habléis mucho de mí", "no te olvides de mis zapatos, los llevé a arreglar, se los das a Maurice"-, recoge un centenar de cartas de resistentes de Francia, franceses y extranjeros -hay un español-, que sufrieron la pena capital, la mayoría fusilados por los nazis (muchos como rehenes), aunque alguno en la guillotina o decapitado por hacha en Alemania. Dos son de mujeres. Todas fueron escritas entre 1941 y 1944.
 

Las cartas, un camposanto de vidas truncadas donde aletea aún el eco terrible del tiro de gracia y por el que uno discurre atribulado hasta el quebranto, están todas documentadas en el libro, con el nombre del remitente y una semblanza biográfica. Desprenden los textos, escritos en la situación más angustiosa y límite que puede afrontar un ser humano, un torbellino de emociones: amor, coraje, esperanza, orgullo, ternura. También, una urgencia, lógica, y una implícita mirada al gran misterio de la muerte.La mayoría de los condenados se disculpa por el dolor que, involuntariamente, va a causar a sus seres queridos. Tratan de tranquilizarlos, mostrando valor, resignación, serenidad o sosiego. Deseamos que fuera eso lo que en realidad sentían. "No he sufrido antes y ya no más después, por supuesto", "pasamos el tiempo contando chistes", "siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol brillara". La última frase la escribe Fernand Zelnikov, empleado de peletería parisiense de origen judío ruso, que participó en varios atentados contra soldados alemanes. Por su parte, el rehén Bernard Grinbaum  anota poco antes de ser pasado por las armas, con lermontoviano desdén: "Bah, no importa".

 

Es una constante en los hombres con pareja pedir a ésta que rehaga su vida: "Te deseo que encuentres un buen proletario digno de ti", escribe a su mujer el tornero comunista y combatiente clandestino Maurice, que reconoce: "Es duro decir esto porque estoy celoso aun ante la muerte".
 

El humor y la ironía brillan por su ausencia; en cambio, abundan el patriotismo y la religión. Hay reos de todas las clases sociales y profesiones, incluso un abad. Las cartas son remitidas por las autoridades después de la ejecución. Una del libro lleva un mensaje secreto en código. Varias son enviadas clandestinamente, incluso lanzadas por encima de los muros de la cárcel.

En algunas cartas leemos desesperación, rabia, miedo, odio o afán de revancha. "Vengadme", escribe el judío Simon Fryd, que ha atacado con granadas a un destacamento de la Wehrmacht. Otros perdonan; Émile Bertrand escribe: "He cumplido con mi deber, sólo siento, y de todo corazón, haber matado". Guy Môquet, detenido por pegar carteles y al que fusilan con 17 años, escribe a su Odette: "Siento no haber podido tener lo que me prometiste". No es el más joven. Henri Fertet cuenta 16, pero mucho valor: "No quiero venda en los ojos ni que me aten".
 

Pese a que todos tratan piadosamente de hurtar los detalles escabrosos, en algunas misivas se percibe la provisionalidad atroz de las últimas horas: "Te escribo de pie, a la luz que pasa a través de la mirilla"; "mi escritura es quizá un poco temblorosa, pero es que tengo un lápiz muy pequeño"; "te escribo sobre un cubo nauseabundo"; "sed fuertes como lo seré yo cuando las balas me sacudan"; "vienen a buscarnos".

Se traslucen dudas: "Creo que voy a morir con valor", "creo que todo irá bien" (!) "y sabré morir como un hombre"; "tengo mucho coraje, pero estoy un poco nervioso". Algunos tratan de ser prácticos: "Dejo mi chaqueta de cuero, trata de recuperarla". Uno incluso recuerda devolver los volúmenes de La Pléiade prestados. "Haz editar mis poemas", escribe el líder partisano de origen armenio Missak Manouchian. Hay verdaderos testamentos. Otros filosofan. Predomina la contención pero hay anotaciones desgarradoras: "Hallaré valor pensando en tu amor"; "sabes que alguna vez hemos discutido, pero te quería mucho". "Un último largo, largo beso en tus labios", escribe el maquisard Paul Meyer a su mujer. Y otro a la suya: "Lamento profundamente no haberte hecho feliz".


Palabras desde el paredón

- "Te ruego que de vez en cuando te acuerdes de nuestro amor".
- "Voy hacia la muerte como a una nueva aventura".
- "Sé feliz en los brazos de otro".
- "Siempre soñé, mira tú por dónde, morir de pie un día en que el sol
brillase".
- "Siempre he tenido tanto, tanto miedo a morir".
- "A la tumba, cuando vengáis, traedme sólo flores rojas".
- "Perdonadme las faltas de ortografía".

sábado, 5 de diciembre de 2009

Beato persistente



Ni subido a una escalera conseguiría besarte - pensó en silencio el beato plantado en el centro de la iglesia y con la mirada perdida en las alturas -

Aunque hay escaleras de dos tramos, como esas que usan los de telefónica; con una de esas seguro que me acerco.


Otra cosa sería un elevador, de los que utiliza la brigada para poner las luces de navidad. Pero aqui no puedo hacer entrar la camioneta, no pasaría entre los bancos.

Vaya! aquello de allí es un taburete? -su cara se iluminó de repente-
Tal vez, si lo pongo sobre el altar...


   
   
  


sábado, 21 de noviembre de 2009

Alzheimer


Para que no se enteren de que me he marchado, dos grandes cojines simulan mi encamada silueta. Cruzo el vestíbulo y alcanzo la calle por los solitarios pasillos de la residencia. Acelero mi paso y siento como el corazón me podría salir por la boca, soy libre!

De repente, unos gritos hacen que me vuelva para ver, como dos celadores corren hacia mí con cansino trote y resignado gesto. 


Suerte tienen de mis noventa años y que no recuerdo siquiera que diablos hago ahora mismo en la calle. Instintivamente, decido correr, creo que hoy sí logro llegar a la esquina.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Que vuelvan ya!


Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, los gritos de Sonia, convertidos ya en desconsolado llanto, se terminan de ahogar tras la puerta de nuestra habitación. Siempre crees estar preparado para volver, pero un escalofrío te estremece, cuando entre el correo, ves asomar el membrete de la Agencia. 
Al levantarme, mi mirada se cruza con la de Anita, descalza bajo el arco que da al salón, y que con inquisidora mirada, comienza a cuestionar en silencio mis numerosos viajes al pueblo, a cuidar de la abuelita.
¿pero quién diantres se marcha a pescar atunes a Somalia?







   


miércoles, 21 de octubre de 2009

La venganza de don Mendo

Pasaje de la obra La venganza de don Mendo, estrenada en el Teatro de la Comedia, de Madrid, la noche del 20 de diciembre de 1918

Don Pedro Muñoz Seca – 1879-1936



El juego de las siete y media.

De como don Mendo explica a Magdalena la pérdida de su capital jugando a las cartas.








don Mendo: Magdalena, hoy no vengo a tu lado,

cuan otras noches, loco, apasionado,

porque hoy traigo una pena,

que mi pecho destroza, Magdalena.


Magdalena: Tú triste?

Tú apenado?

Tú sufriendo?

Pero qué estoy oyendo?

Relátame tus cuitas,

oh don Mendo…


acomódate allí... (mostrando con el dedo un asiento duro e incómodo)


don Mendo: Preferiría aquel de cuero, blando catrecillo,

pues del arzón sin duda vida mía,

tengo no sé si un grano o un barrillo.


Magdalena: Y has venido sufriendo.


don Mendo: Mucho, mucho,


Magdalena: Cómo no quieres, di, que te idolatre,

apóyate en mí brazo, ocupa el catre,

y cuéntame tu mal, que ya te escucho.


(larga pausa)

Ha rato que te espero Mendo amado…

¿porqué restas callado?


don Mendo: No resto, no; es que lucho,

pero ya mi mutismo ha terminado;

vine a desembuchar y desembucho,


Voy a contarte amor mío,

la historia de una velada

en el castillo sombrío

del Marqués de Moncada,


Ayer… ¡triste día el de ayer!…

Antes del anochecer

y en mi alazán caballero

iba yo con mi escudero

por el parque de Alcover,


cuando cerca de la cerca

que pone fin a la alberca

de los predios de Albornoz,

me llamó en alto una voz,

una voz que insistió terca.


Hice en seco una parada,

volví el rostro, y la voz era

del Marqués de Moncada,

que con otro camarada

estaba al pié de una higuera.


Magdalena: ¿quién era el otro?


don Mendo: El barón

de Vedia, un aragonés

antipático y zumbón,

que está en casa del Marqués

de huésped o de gorrón.


Hablamos… ¿y vos qué hacéis?

Aburrirme, Y el de Vedia dijo:

No os aburriréis;

os propongo, si queréis,

jugar a las siete y media.


Magdalena: ¿y porqué marcó esa hora

tan rara? Pudo ser luego.


don Mendo: Es que tu inocencia ignora,

que a más de una hora, señora,

las siete y media es un juego.


Magdalena: ¿Un juego?


don Mendo: Y un juego vil

que no hay que jugarlo a ciegas,

pues juegas cien veces, mil,

y de las mil ves febríl

que o te pasas o no llegas,


Y el no llegar da dolor,

pues indica que mal tasas

y eres del otro deudor.

Más hay de ti si te pasas!

¡Si te pasas, es peor!


Magdalena: ¿Y tú don Mendo?


don Mendo: Serena

escúchame Magdalena,

porque no fui yo… no fui,

Fue el maldito cariñena

que se apoderó de mí.


Entre un vaso y otro vaso

el barón las cartas dio;

yo vi un cinco y dije “paso”,

el marqués creyó otro el caso,

pidió otra carta… y se pasó,


El barón dijo “plantado”;

el corazón me dio un brinco;

descubrió el naipe tapado

y era un seis, el mío era un cinco;

el barón, había ganado.


Otra y otra vez jugué,

pero nada conseguí,

quince veces me pasé,

y una vez que me planté,

volví mi naipe… y perdí.


Ya mi peculio en un brete

al fin me da Vedia un siete,

le pido naipe al de Vedia,

y Vedia pone una media

sobre el mugriento tapete.


Mas otro siete él tenía

y también naipe pidió…

y negra suerte la mía,

que siete y media cantó

y me ganó la porfía…


Mil dineros se llevó,

¡por vida de Satanás!

y más tarde, ¡qué se yo!

de boquilla se jugó,

y se ganó diez mil más.


¿Te haces cargo, di, amor mío?

¿Te haces cargo de mis males?

¿Ves ya por qué no sonrío?

¿Comprendes porqué este río

brota de mis lagrimales?


Yo mal no quedo, ¡no quedo!

Quien diga que yo un borrón

eché a mi grey que alce el dedo,


Y como pagar no puedo

los dineros al Barón,

para acabar de sufrir

he decidido… partir

a otras tierras, a otro abrigo.


Magdalena: ¿qué me dices? ¿vas a huir?


don Mendo: Voy a huir pero contigo.


Magdalena: Perdiste el juicio.


don Mendo: No tal,

Resuelto está, vive Dios,

Y si te parece mal,

aquí mesmo, este puñal

nos dará muerte a los dos,


Primero lo hundiré en ti,

y te daré muerte, sí,

¡lo juro por Belcebú!

y luego, tú misma, tú,

hundes el acero en mí.




... sublime...


En wikipedia, acerca de don Pedro Muñoz Seca: “Entre los años 1910 y 1920 su figura como autor teatral se consolidó como el creador de un nuevo género teatral denominado astracán o astracanada, caracterizado por una búsqueda de la comicidad a todo trance, incluso a costa de la verosimilitud y desfigurando el lenguaje natural. El astracán gozó del favor del público, pero no así del de la crítica y los intelectualoides sin ingenio. La obra más célebre dentro de este género es La venganza de Don Mendo, que se estrenó en el Teatro de la Comedia en 1918. Dicha pieza es una sátira muy inspirada y jocosa del teatro histórico del Modernismo literario, el drama romántico y las comedias de honor de Pedro Calderón de la Barca, y es de las pocas que han aguantado bien el paso de los años.”

sábado, 19 de septiembre de 2009

Camino primitivo - Camino de Santiago

Hace ya un mes que he terminado mi primer Camino. El hecho de utilizar el ordinal, y numerar así la experiencia, muestra a las claras una segura determinación de querer repetirla, tal vez muy pronto.
No acudía yo al Camino movido por simbología o destino apare
nte, aunque el hecho de llamarte Santiago siempre te hace verlo con mejores ojos. La verdad es, que de haberme llamado Fermín, ni borracho habría corrido un encierro, de manera que para que esa carga simbólica tuviera mayor peso, el devenir de los días, y todo el capricho del mundo, hizo que además, comenzara a caminar el día de mi cumpleaños, circunstancia esta que un poeta aprovecharía para lucir verso, y un psicólogo para hurgar donde no debe.

Decido ajustar los pocos días de que dispongo, con la posibilidad de terminar un Camino de manera completa, y pretendo internarme en este bonito mundo a través del Camino Primitivo, que nace en Oviedo, y que es además el primero de los que se inician, allá por el siglo IX, con el objetivo de visitar la tumba recién descubierta del santo. Mi elección no podía ser más acertada. La belleza de las tierras asturianas, tan agrestes, tan verdes, así como la especial dureza del trazado, confieren a este Camino un marcado carácter, puro, mostrándose más cercano a lo que debió ser en su origen, y permitiendo obtener una soledad y tranquilidad en el caminar tan necesaria como bella en sí misma.

El Camino tiene un espíritu propio, y de ti depende encontrarlo e interiorizarlo. Es el Camino el que te hace peregrino, y cuando no lo consigue, sabe como deshacerse de ti y echarte. El Camino es una cura de humildad en mayúsculas, una invitación a replantear durante unos días absolutamente todas tus prioridades cotidianas, mostrándolas tal y como son, accesorias y prescindibles, aprendiendo así, a ser mejores tasadores de nuestra realidad, cuando volvamos a ella.

En el Camino importas tú, tus
pies y tu mochila. Alojamiento, aseo, curas, colada, alimento y relaciones personales, nada más que eso es importante, tan sencillo y complicado a la vez. Fruto de las notas que he ido tomando a diario, surge la idea de publicar este resumen, siendo solo eso, un resumen que no pretende ser guía ni complemento de alguna, y que solo sirve para que el escribiente rememore, mientras los redacta, los buenos tiempos pasados caminando. Si pudiera servir para animar a cualquiera a adentrarse en este bonito trayecto, ya me daré por muy satisfecho. Pero el espíritu, las sensaciones, las relaciones… esas solo las vas a disfrutar tras calzarte las botas día a día, encontrando a otros y a ti mismo, eso, eso solo lo encontrarás haciendo tu Camino.


Espero os guste.





Domingo 09/08/2009 Oviedo – Grado - 23,1 kms
Hora salida: 07:45 h

Hora llegada: 13:30 h
Una palabra: Ilusión
Día 1

Casi a las ocho, y ciertamente emocionado por la ilusión de comenzar esta experiencia, salgo de la catedral de San Salvador con paso marcial, siguiendo las doradas conchas de vieira que, desde el suelo, te orientan hacia la salida correcta de la ciudad de Oviedo. La mañana es fresca, ha llovido toda la noche y enseguida nos vamos a poner chorreando, primero la bruma y después el sudor de un ambiente fresco pero con una humedad muy alta.

Todavía dentro de la ciudad, me voy a encontrar ya con dos parejas a quienes voy a conocer en los días siguientes. José y Maribel, de Málaga, con quienes cruzo mi primer “buen camino”, y casi saliendo de Oviedo, en el parque en el que se inicia el mismo y que lleva su nombre, me encuentro a Cheli y a Juan, de Alcorcón, y con quienes más adelante voy a tener mayor relación, “buen camino”, digo, “buen camino”, responden, y comenzamos.

Destaco cierta sorpresa por una dureza inesperada. Estas anotaciones se van a repetir en los cuatro o cinco primeros días, en los que el Camino te enseña lo que te espera más adelante y el cuerpo se ajusta a las necesidades. El inicio de la etapa discurre por continuos toboganes rompe-piernas, y las primeras postales verdes que anuncian la maravilla de paisajes que nos encontraríamos en la verde Asturias. Primera parada en Loriana para hacer un café, descansar un poco y lanzarnos al alto del Escamplero, obstáculo serio en el que me adelanta Superman disfrazado de peregrino, a quien por cierto no volveré a encontrarme más adelante, desconozco si porque a ese ritmo llegó a Santiago en dos días, o si por el contrario falleció en la cumbre por el sobreesfuerzo realizado… me hizo hasta aire al adelantarme!

En Grado, había quedado con Raúl y Ana, que veranean por la zona, para comer. El final se me hace muy largo, por la novatada y porque voy preocupado por llegar a tiempo. Con ellos, y tras sellar la credencial en la oficina de turismo de Grado, repondré fuerzas en el restaurante Don Pepe el Bueno, con una comida que hizo honor a su nombre. Me invitan mis companys… gracias! Ya debía hacer cara de peregrino desmayado de hambre.

Ya de noche, de vuelta al hostal y tomando algo relajadamente, un señor mayor se interesa por mí, y de repente, cuando le indico mi procedencia, se lanza a hablarme en catalán, haciendo con ello que medio bar se gire hacia nosotros a mirarnos con cara extraña. Natural de la tierra, vivió gran número de años en Barcelona, y se dedicó profesionalmente, casualidades de la vida, a un cargo importante vinculado con la administración del Puerto de Barcelona. Rápido encontramos de qué hablar y paso un rato agradable con él entre Granadas y Valencias entonadas con la flauta dulce que escondía desmontada en el bolsillo interno de la americana… un personaje para estar horas con él, ciertamente. Jaleado y animado, no tanto por la concurrencia como por una botella de tinto cada vez más vacía, el concierto iba in crescendo, monopolizando ya toda la atención de una docena de personas, y yo iba a tener que despedirme, muy a mi pesar, derrotado por las sensaciones y el cansancio físico.

No me costará ni un minuto quedar profundamente dormido.
















Lunes 10/08/2009 Grado – Salas - 21,7 kms

Hora salida: 07:45 h

Hora llegada: 14:00 h

Una palabra: Dolor

Día 2

A mi salida de Grado, todavía en el hostal, me encuentro almorzando con un trío de malagueños (dos señoras y un señor) y una pareja de Bilbao. Había visto a los cinco en el albergue de Oviedo, y me los iré encontrando en etapas alternas casi hasta el final del Camino. La pequeñez de los albergues, motiva en estas primeras etapas a resolver de manera más cómoda el alojamiento, coincidiendo algunos de nosotros en pensiones y hostales.

La etapa se inicia con una primera parte en continuo ascenso, culminando el mismo en un bonito monasterio donde paro a almorzar y descansar un poco. Un trío de italianos me alcanzan, a ellos también los iré encontrando hasta el mismo Santiago. En San Salvador de Cornellana el monasterio hace que sea imposible continuar sin pararte a visitarlo. El final de etapa se me vuelve a alargar en demasía. Algunos tramos modificados por obras y mis primeras ampollas, hacen que la llegada a Salas se haga ya dura y con dolor, menos mal de algunas fuentes en el tramo final que ciertamente se agradecen. Hoy, pese a encontrarme también a gente (entre ellos a Santi, un vitoriano que camina solo y con quien he coincidido bastante), largos trechos del Camino los he realizado absolutamente en solitario, sensación agradable, con silencios que llenan de actividad la mente del peregrino, sorprendiendo a mis contadas tres neuronas.

Salas me parece muy coqueto y bonito para lo pequeño que es, formando el conjunto de la Colegiata de Santa María y casco antiguo un lugar atractivo.

Hago colada cómodamente y reviso los daños físicos antes de ir a comer. Las ampollas se muestran tímidas todavía, y mi falta de experiencia hace que las ignore un poco, no me parece adecuado todavía “meterles mano”, y tras asearme comienzo un particular idilio con los parches de Compeed y el Voltarén en todos sus formatos, grageas o pomadas… que duro es ser peregrino, pienso.

Me rebelo contra esa dureza, y un buen pulpo, mejores cachelos y un solomillo muy interesante, me ayudan a ver la tarde con mejores ojos.

Más tarde, una siesta ciertamente reparadora, un buen paseo por el pueblo que corrobora mi buena imagen del mismo, y la compra de vituallas para el día siguiente, se muestran rutinas que me acompañarán a diario, tanto como el incipiente cojeo que me identifica ya como peregrino, vaya donde vaya.
















Martes 11/08/2009 Salas – Tineo - 19,1 kms
Hora salida:
07:45 h

Hora llegada: 14:00 h

Una palabra: Barro

Día 3

Tercera etapa consecutiva en la veintena de kilómetros, se supone que esto es el rodaje. A la salida de Salas coincido con Santi, con quien ando unos primeros tramos. El va algo lastimado en su tobillo y mis ampollas duelen como si me clavaran alfileres en la planta del pie, de manera que tomamos un ritmo suave al inicio. Más adelante, me quedaré solo, pues él prefiere ir aún más lento, desayunando todo lo que se encuentra a su paso, moras, bayas y frutas que queden al alcance del Camino. Después veremos que no le fue tan bien fiándose tanto de lo que el Camino pone a tu alcance. Un buen peregrino y amigo, Jesús, el de la bucólica presencia, siempre decía que “el camino pone a tu alcance todo lo que necesitas… y lo que no quieras, lo dejas”. Nunca le pregunté si la frase, pretendía ser más cercana a cierta providencia divina, o a la practicidad de los amigos de lo ajeno, no me quedó claro, tal vez en el próximo camino.

La palabra del día va a ser claramente “barro”. Charcos de decenas de metros se alternan con profundos fangales, invitando a sortearlos de la manera más compleja, para terminar, en muchos de ellos, de barro hasta las orejas. Pronto se te quitan las tonterías, y cuando logras olvidar el verdadero color de tu calzado y calcetines, pasas a no tener complejos al respecto de por donde cruzar. Me voy a acordar de algunos de estos charcos hoy haciendo la colada.

En un bar de La Espina, con gran dolor ya en el pie izquierdo, paro a hacer un café y comprar algo de agua. Parapetado tras una fría cerveza me encuentro al ya referido Jesús, un granadino gran conocedor del Camino, veterano en estas lides, con quien vamos a compartir mucho más adelante, y que dejará gran huella en todos nosotros. Como salido de una canción de Sabina, amante del tabaco, derivados y de la palabra “bucólico”, nos saludamos con un “ehhh” amistoso y continuamos andando.

Me encuentro seriamente preocupado. Es mi tercer día y el dolor del pie es ya inaguantable. Además, llevo toda la etapa descargando la responsabilidad de avanzar en mi pierna derecha, lo que carga su rodilla hasta el punto que al terminar, me duele más que el pie. Mañana toca una etapa de casi 30 kms, y no me veo físicamente bien. Preocupado, enfilo las primeras calles de Tineo, encontrándome en primer lugar con su estadio de fútbol (como para hacer un partido iba yo). Son las fiestas patronales, y en una bonita ermita se trabaja en los preparativos de una celebración. El paseo de San Roque, me acompaña hasta la entrada al centro del pueblo, en una cuesta abajo con tanta pendiente, que mi rodilla siento que va a explotar en cualquier momento.

Ya en la oficina de turismo, donde sello la credencial, me oriento y trato de solucionar mi alojamiento. Hoy sí en las curas ataco decididamente las ampollas del pie izquierdo, y me muestro aliviado tras vaciarlas y quemarlas, literalmente, al desinfectarlas. Tras el dolor inicial, alivio, y tras una dura colada, me lanzo a la calle a la búsqueda de un reparador menú. Callejeando más tarde por el pueblo y tras visitar la farmacia (lugar de culto del peregrino), busco cobijo en un ciber, donde me pongo al día de correo y de frikadas varias, y vuelvo a entonar un educado “ehhh” al despedir a Jesús, que terminó antes que yo. Preocupado por el kilometraje del día siguiente, tardo poco tiempo en dormirme, lo que hace el cansancio.























Miércoles 12/08/2009 Tineo – Pola de Allande - 31,9 kms

Hora salida: 06:45 h

Hora llegada: 14:30 h

Una palabra: Crisis

Día 4

Tan de moda la palabra del día como acertada. Los casi 32 kms, contienen dos etapas cortas que anuncian algunas guías. En verdad esta etapa se me hace muy dura por lo lastimado que he llegado a ella. Varias son las veces que pienso en desistir y dejarlo, algo que ahora mismo, con la distancia que me proporciona el tiempo transcurrido, y el sofá de mi casa, no entiendo como no hice. En duro ascenso se inicia la etapa, y ya arriba me encuentro a Miguel y Richard, dos venezolanos de nacimiento y valencianos de adopción, primos de sangre y bautizados por Jesús como “los primigrinos”. Miguel va castigado en sus rodillas (lo estará hasta finalizar el Camino), y en la bajada a Obona los paso. Tras largos y duros tramos, llegas a Porciles, a escasos cinco o seis kilómetros del destino. En la cima, en el bar Boto, su dueño me sella la credencial y muy amable, me sirve una fresca cerveza que me hace revivir. Animado por el zumo de cebada, arranco la última bajada, brutal, de casi tres kilómetros hasta Pola de Allande.

Pola es otro pueblo que me encantó, y gran parte de culpa la tiene la gente de La Nueva Allandesa, el hotel donde consigo hospedarme y un verdadero oasis, recomendado en varias guías, también por un buen amigo asturiano (un abrazo José Luís), y donde me cuidan con gran cariño desde que entro por la puerta con famélico aspecto.

Pote astur, pastel de verduras y repollo relleno es la elección del camarero que me atiende. Todo ello regado con un buen vino y una mejor atención y amable trato, un lugar que no dejaré de volver a visitar, seguro.

Hoy, descansando por la tarde, dando una vuelta con mis chanclas y mi cojeo por el pueblo, me doy cuenta que si he llegado hasta aquí, bien puedo llegar hasta Santiago, y realmente me armo de moral. Algo muy necesario, pues al día siguiente, bien temprano, el puerto del Palo, nos pondrá a todos al límite.

Por la noche, ya en la cama, comienza un partido de la selección… no veré ni cinco minutos…








Jueves 13/08/2009 Pola de Allande – La mesa - 20,9 km
Hora salida: 08:00 h

Hora llegada: 14:00 h
Una palabra: Montaña
Día 5

En grupo, inicio decidido el ascenso al puerto del Palo, una durísima prueba que afortunadamente afrontamos con las piernas todavía frescas. Una ascensión muy continuada, con unos tramos finales verdaderamente duros. A mitad de ascensión, sentado comiendo galletas, me encuentro a Fernando, un policía de Alcorcón a quien conoceré más adelante. La temperatura de la cumbre, una densa bruma y caminar entre caballos salvajes y enormes vacas que pacen tranquilas mientras de reojo observan al peregrino en su sufrimiento, confieren al tramo final una estética diferente. Una vez en el alto, nada, solo tú y la ladera contraria que te invita a un vertiginoso descenso hacia Montefurado, un precioso grupo de casas antiguas casi abandonado, que se adivina desde lo alto en el margen izquierdo de un cuadro, que no puedes resistir sentarte un rato a contemplar, cuando al disiparse las nieblas disfrutas de unas vistas realmente excepcionales. Hasta ahora, tal vez la mayor dureza que hayamos enfrentado, con seguridad también la más bella etapa.

Con sumo cuidado por mi maltrecha rodilla, desciendo hasta Montefurado con relativa facilidad, donde tal vez por timidez, no me encontraré al famoso mastín que allí habita con su dueño, y del que otros peregrinos, los que sí coincidieron con él, hablarían entusiasmados al finalizar la etapa.

En Berducedo, el nuevo albergue está ya bastante poblado, de manera que prosigo hasta La Mesa, no sin antes hacer una buena compra, por la escasez de servicios en el destino. Ya en La Mesa, tras un par de horas en solitario en las que con todo el albergue para mí, completo rápidamente las tareas diarias, con una tranquilidad y unas vistas fantásticas, aguardo el gotear de peregrinos que andaban tras mis pasos.

Pronto llegan Juan y Araceli, a quienes Jesús bautizará como alcorcogrinos, pareja más o menos de mi quinta y con quienes entablo una buena amistad. Tras ellos una pareja francesa de mediana edad que, en dirección contraria y montando una bicicleta tandem espectacular, volvían hacia su todavía lejana Normandía, con más de 3.000 kms en las piernas y la compostela en el zurrón. Más tarde llegarán Luís y Macarena, que justo iban a comenzar allí su camino, recién llegados de tierras pimentoneras cargados de ilusión. Casi anocheciendo, llegarán Luís y Guillermo. Luís lleva casi tres meses caminando, desde el norte de Francia, tras cruzar el canal de La Mancha en ferry. Tras llegar a Santiago, terminará su camino en La Granja de San Ildefonso, de donde es natural. Guillermo, catagrino como yo y de Cornellá concretamente, será la alegría de la huerta los días siguientes, siempre con un “ánimo” especial.
















Viernes 14/08/2009 La Mesa – Grandas de Salime - 18,1 kms
Hora salida: 07:00 h

Hora llegada: 11:00 h

Una palabra: Paisajes

Día 6

Ayudado por el baile de San Vito que Guillermo mantenía entre tremendos ronquidos en la litera de arriba, inicio temprano el quinto día de Camino, etapa que se mostraría deliciosa en su tramo inicial, con unas vistas espectaculares y un descenso continuado de más de siete kilómetros al que temía bastante por la rodilla, pero que acabó siendo más llevadero de lo que esperaba. El ascenso a la cima del Buspol en pleno amanecer y mares de nubes, es uno de los tramos que guardo con más cariño en mi recuerdo, así como el descenso hasta la presa del pantano de Salime. La etapa es corta y pese a que el final, casi todo por asfalto, se atraganta un poco, supone un pequeño descanso en el castigado cuerpo del peregrino.

Grandas de Salime es una población pequeña, pero con su encanto. En el bar en el que sello la credencial, justo enfrente del ayuntamiento y albergue, tenemos un grato encuentro un buen número de peregrinos, todas ya caras conocidas, y departimos animados, Juan, Cheli, Miguel, Jesús, Santi, Luís, Richar, Macarena, Zuri, Angel, José, Maribel… la cervecita bien fría y muy buenos ánimos. Hoy como con Luís y Macarena, (que majos los murcianos), que muy ilusionados han acabado su primera etapa completa. La Iglesia del Salvador y el museo etnográfico de la localidad suponen un buen entretenimiento antes de caer el sol, un paseo agradable y muy interesante. Hoy es viernes, y comienzan las fiestas de la localidad, y casi anocheciendo, el pregón vaticina una noche movidita. Aquí en Grandas, habilitarán el polideportivo, ya que algunos peregrinos quedaron sin sitio.

Mañana cruzamos a Galicia y abandonamos esta bendita tierra asturiana que tan bien nos está cuidando. Un nuevo puerto de montaña, el Acebo y un kilometraje importante nos espera, de manera que nos retiramos a descansar relativamente pronto.



































Continuará...

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