sábado, 21 de noviembre de 2009

Alzheimer


Para que no se enteren de que me he marchado, dos grandes cojines simulan mi encamada silueta. Cruzo el vestíbulo y alcanzo la calle por los solitarios pasillos de la residencia. Acelero mi paso y siento como el corazón me podría salir por la boca, soy libre!

De repente, unos gritos hacen que me vuelva para ver, como dos celadores corren hacia mí con cansino trote y resignado gesto. 


Suerte tienen de mis noventa años y que no recuerdo siquiera que diablos hago ahora mismo en la calle. Instintivamente, decido correr, creo que hoy sí logro llegar a la esquina.

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