viernes, 1 de mayo de 2009

Demasiado tarde


Demasiado tarde. El esmirriado rocinante de Sameiro me llevó a donde quiso, se detuvo cuando le apeteció y no volvió la cabeza para decirme adiós cuando me dejé caer de la silla, tan triste como en aquel día. Hoy tengo imágenes de esos animales por toda la casa. Quien me visita por primera vez me pregunta casi siempre si soy jinete, cuando la única verdad es que todavía sufro los efectos de la caida de un caballo que nunca monté.

Por fuera no se nota, pero el alma me anda cojeando desde hace setenta años.
José Saramago - Las pequeñas memorias (2006)

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