martes, 2 de junio de 2009

Un viejo que leía novelas de amor



"Pensaba en que haría el ridículo entrando a una librería de Guayaquil para pedir: "Déme una novela bien triste, con mucho sufrimiento a causa del amor, y con final feliz". Lo tomarían por un viejo marica, y la solución la encontró de manera inesperada en un burdel del malecón.

Al dentista le gustaban las negras, primero porque eran capaces de decir palabras que levantaban a un boxeador noqueado, y, segundo, porque no sudaban en la cama."







"Antonio José Bolivar votó al elegido y, a cambio del ejercício de su derecho, recibió una botella de Frontera.
Sabía leer.
Fue el descubrimiento más importante de toda su vida. Sabía leer. Era poseedor del antídoto contra el ponzoñoso veneno de la vejez. Sabía leer.
Pero no tenía qué leer."






Un viejo que leia novelas de amor. (Luís Sepúlveda 1989)

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