sábado, 24 de enero de 2009

El alma de la ciudad


"Me duele en el alma todavía el recuerdo de tal ignomínia. La tentación era demasiado fuerte y nuestro egoísmo enorme. Aceptamos la oferta.
Antes de marcharnos del lugar, le propinamos una paliza a aquel mal padre, haciéndole injustamente único culpable del pecado que cometimos nosotros."



"Procuré sentar a mi mesa a todos los canónigos. A los más viejos, que eran - según decía Hermesindo - como "perros lobeados que tenían retorcido el colmillo", me los gané con prebendas y regalos que jamás podrían haber esperado de la benevolencia del obispo. Escuchaba pacientemente sus "batallas", soportaba sus peroratas y los trataba por separado como a confidentes y consejeros, sin que ninguno de ellos pudiera sospechar siquiera que los demás se consideraban escogidos por mí para semejante deferencia."



Jesús Sánchez Adalid (El alma de la ciudad, 2007 - Premio Fernando Lara)

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